
En una calle empedrada del centro de Córdoba, casi llegando al barrio de San Miguel, existia una casa vieja que todos evitan al caer la noche. No tiene techo completo, la maleza la abrazaba y aunque parecia abandonada, adentro se escuchan risas pequeñas. Es la Casa de los Duendes.
Esta leyenda nace a mediados del siglo XIX, cuando Córdoba era paso obligado de comerciantes de café. La casona era de una familia acomodada que la dejó vacía tras una serie de muertes inexplicables. Desde entonces, los vecinos comenzaron a reportar que los objetos desaparecían de sus casas y aparecían tirados en el patio de esa casa.
No es un fantasma grande, son duendes. Según los viejos de Córdoba, son seres pequeños, del tamaño de un niño, con sombrero puntiagudo y pies al revés. No hacen daño, pero son traviesos. Les gusta esconder llaves, trenzar el pelo de los caballos y hacer nudos en la ropa.

Una mujer que vivió enfrente contó que al amanecer encontró todos sus trastes de barro en el techo de la casa abandonada, formando una torre perfecta. Nadie había entrado. Esa misma semana, cerca de la medianoche, varios vecinos vieron luces pequeñas moviéndose entre las ventanas rotas, como si fueran velas que flotaban solas.
Decía la gente que si pasabas por ahí les dejaras un dulce o un juguete en la banqueta, al día siguiente aparece mordido o movido. Los niños del barrio aseguran que escuchan que les hablan por su nombre cuando jugaban cerca, al caer la tarde.
La casa sí existe, está ubicada sobre la calle 7, entre avenidas 3 y 5 del centro histórico. Es una ruina protegida por el INAH por su arquitectura colonial. El Archivo Municipal de Córdoba registra la propiedad como “casa abandonada desde 1880 por inhabitabilidad”.
Según relata el cronista de la ciudad en su libro Córdoba y sus Leyendas:
“Los duendes no se fueron nunca. Se adueñaron de la casa porque nadie les rezó para que se fueran. Hay que dejarles dulces y pedir permiso para pasar”.
– Entrevista al Cronista de Córdoba, 2019.

La casa sigue ahí. Algunos turistas la buscan para tomar fotos. Algunos vecinos decían que ponían listones rojos en sus ventanas para que los duendes no entraran a trenzar el cabello de sus hijas mientras dormian.
La Casa de los Duendes no da miedo, da curiosidad. Es de esas leyendas que se cuentan porque todos en Córdoba conocen a alguien a quien le escondieron algo. ¿Has pasado por esa calle al caer la noche? ¿Se te ha perdido algo sin explicación en el centro? Cuéntanos en los comentarios.
| DATO | DETALLE |
| Ubicación | Centro Histórico |
| Año | Mediados del siglo XIX |
| Tipo | Leyenda de criaturas y casas abandonadas |
| Testigos | Vecinos y transeúntes |
| Nivel | 5/10 |
